Viñetas de Verano: UN NORUEGO EN EL CAMINO DE SANTIAGO

YEXUS

Cuando todavía resuenan los ecos del prefabricado y mercantil Año Lebaniego, no está de más volver la vista hacia el auténtico fenómeno jubilar. Y más si se contempla a través de los atípicos ojos de alguien tan ajeno a la religión y la cultura hispana como el noruego Jasón. En realidad es Arne Saeteroy el verdadero nombre de este autor cuya singular impronta gráfica y argumental a menudo hace dudar al lector sobre la intención cómica o dramática de sus historias. Aunque a veces el resultado puede oscilar entre las dos posibilidades o incluso combinar ambas.

El protagonismo de animales antropomórficos ya introduce un primer factor de desconcierto, al que se suma la importancia del apartado visual (ya que a menudo no existen los diálogos) y la frialdad del grafismo, que abunda en figuras rígidas y de expresividad escasa. Lógicamente, en estas características reside el encanto de los cómics del escandinavo, que además afronta con iguales herramientas una historieta de género que una tragedia introspectiva. Lo que no es caso de Un noruego en el Camino de Santiago, atípica pieza publicada por Astiberri donde el autor se decanta por narrar la experiencia propia. Ya que, cumplidos los 50, se decide a afrontar a pie tan histórica ruta y lo hace como un desafío espiritual y físico. Nada menos que un trayecto de 800 kilómetros a recorrer en un mes constituye la prueba que afronta el protagonista de estas páginas. Se trata de una vivencia irrepetible, marcada por la superación constante, que implica caminar en silencio, conocer a otros peregrinos, contemplar el paisaje y hallar un cobijo decente por las noches.

Lejos del apunte localista, del cuaderno de viajes y de la intención documental, Jason aporta aquí los datos justos para la efectividad narrativa. Ya que su habitual estilo sintético, minimalista casi, se aplica tanto al dibujo como a los mecanismos expresivos. Lo que no impide disfrutar de numerosas anécdotas y reflexiones, que a menudo surgen del choque cultural, tanto como de las pequeñas historias que sugiere el fugaz contacto con otros compañeros de camino, en esta crónica de una costumbre secular marcada por el punto de vista de un extraño. Y sin descartar dosis de un humor muy diferente.

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