Conociendo Batman

Siempre he sido lector de superhéroes. De esos que van en pijama por los cielos de la ciudad, bien balanceándose en telarañas o con su bastón-liana o volando en un Fantasticar o a pecho descubierto. De esos que siempre parecen estar en apuros, y finalizan con un gran cliffhanger, para solucionarlo todo en la siguiente entrega de la forma más inesperada. Yo siempre he sido lector de Marvel.

Un buen día, con un periódico de tirada nacional, vendían a un módico precio cómics de Batman, retapados de viejas ediciones. Ciertamente no sé por qué, pero los compré. Yo, que siempre había hojeado por encima las ilustraciones antes de decidir comprar un cómic, abrí un ejemplar coloreado en dos colores, morado y amarillo, y bastante lejos de lo que yo leía por aquél entonces (Bachalo, Laroca, Campbell, ya sabéis); y la verdad es que me sorprendió la trama, y sobre todo, el tono.

Un cómic de Spiderman (con mis respetos para el trepamuros), puede acabar en un callejón frente a un pandillero que tiene una rehén cogida por el cuello y nuestro amigo Parker sin fluído arácnido. Fin del cómic, en todo lo alto. El mes siguiente, cuando abrimos ávidamente las páginas de la siguiente entrega vemos cómo Spiderman levanta con el empeine una tapa de alcantarilla que había a sus pies, la lanza contra el pandillero y le noquea. Spiderman 1, malos 0.

Con Batman esto no ocurre. Cuando Batman se encuentra en un callejón con un yonqui y una rehén la cosa acaba mal. O el señor de la noche recibe una paliza de escándalo o la rehén muere, o muere el yonqui. O mueren los dos. O los tres.

Batman es, para lo bueno y para lo malo, una aproximación de la fantasía de los superhéroes al público más adulto. Tramas en las que las cosas no se arreglan inventando una máquina del tiempo a última hora, en las que la caballería no siempre aparece o lo hace tarde. En Batman la gente muere. Pero de verdad.

La serie regular es algo que puede dar más vueltas, y Fulano, que se creía muerto hace nueve números, aparece para dar al traste con el rescate del caballero oscuro, pero la esencia sigue siendo la misma. Las balas matan, y los golpes duelen.

Para los que aún no hayáis tenido la suerte de toparos con él, os recomiendo “La broma asesina”, “El regreso del señor de la noche” y “Batman, año uno”; grandes obras que conforman un modo perfecto de dar vuestros primeros pasos de la mano de El caballero oscuro.

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